martes, 3 de junio de 2008

Conflicto con el campo La renta agraria, otra vez en el centro de la política

Conflicto con el campo
La renta agraria, otra vez en el centro de la política

Eduardo Lucita*

El conflicto superó rápidamente las razones que le dieron origen, las retenciones móviles y un esquema de cálculo que pone un techo a las ganancias extraordinarias derivadas de la creciente demanda de los mercados mundiales. Lo que comenzara como una cuestión económica merodea ahora los bordes de la crisis política.
Desde la perspectiva económico-técnica el problema esta resuelto desde hace días. El gobierno concederá más de lo que reconozca pero en su lógica de poder no puede hacerlo sin antes recuperar autoridad política. El "campo" está en general de acuerdo con las soluciones pero no puede aceptarlas sino haciendo la parodia de una negociación, porque quiere hacer valer a futuro la fuerza social acumulada.
Así el conflicto semeja cada vez más una suerte de juego de espejos, donde las conducciones enfrentadas sólo se superan a sí mismas, en un marco donde la sociedad da muestras de cansancio de tantas idas y vueltas
Una convicción comienza a instalarse, habrá un antes y un después de este conflicto. El gobierno no podrá eludir el fuerte costo político, menos aún en un marco inflacionario que ya corroe tanto los ingresos de los trabajadores y sectores populares, como los de las capas medias acomodadas, que el gobierno se muestra impotente de controlarlo. Mientras la derecha –aun carente de liderazgo y organización- ha encontrado una base social de importancia.
Los tiempos por venir serán sin duda testigos de nuevas confrontaciones

Nada es lo que parece o se dice

Las diferentes organizaciones representativas del campo (1), unificadas como nunca antes, cuestionaron las retenciones móviles no solo en defensa de sus ganancias sino como instrumento válido para desacoplar los precios internacionales de los locales y disminuir así el impacto inflacionario por suba de los precios de los llamados "bienes salarios".
Pero esto no puede ocultar que detrás de la objeción a las retenciones móviles –y su intento de minimizarlas- están planteando un programa que erradique las restricciones al mercado exportador de carnes, granos y aceites. La eliminación de las retenciones vendrá después… No se explicita como tal pero hay también una impugnación a la intervención estatal en la economía. Se rechazan medidas reguladoras implementadas por el gobierno, por moderadas que estas sean, y la posibilidad de distribución de la renta que llevan implícitas.
A este accionar corporativo se sumó la derecha política, que vio en el lock-out agrario la posibilidad de establecer una plataforma que intenta retrotraer la situación al período anterior al 2001.
El gobierno nacional se topó con una reacción que no esperaba y buscó en todo momento defender la acción legitima del Estado por apropiarse de renta extraordinaria –como es la que surge de la excepcional demanda internacional- argumentando que esta es esencial para una política de distribución de la riqueza y lucha contra la inflación. Claro que esto es parcial, el principal cultivo sujeto a retenciones es la soja que no incide demasiado en el mercado interno en la coyuntura, aunque sí desplaza a otros cultivos y por lo tanto reduce su oferta.
Es claro además que el incremento de las retenciones tiene su costado fiscalista, una necesidad para seguir manteniendo los subsidios –si no fuera por ellos las tarifas de los servicios públicos estallarían con su impacto sobre la inflación- y hacer caja para afrontar los pagos de la deuda que, como ya se adelantó varias veces desde esta columna, crece automáticamente y sus pagos o refinanciaciones son cada vez más pesados.
Incapacidad e impericia, errores de cálculo político y de implementación técnica unificaron el frente opositor y resquebrajaron el tejido de alianzas construido en el primer período kichnerista, esto se ha reflejado también al interior del partido justicialista.
En este contexto el gobierno volcó sus esfuerzos tratando de recuperar presencia política, la reciente convocatoria al Partido Justicialista no es más que un intento de disciplinar a la tropa que da muestras de disgregación. Sin embargo cualquiera sea el resultado no sale bien parado de el, y es notorio que la figura de la presidenta se ha desdibujado. (2)

Una disyuntiva irreal

Desde el primer momento se intentó instalar en la sociedad que se trataba de una disputa entre la tradicional oligarquía agrícola-ganadera y un gobierno nacional-popular-reformista. Sin embargo no todo es como parece.
Si una virtud tiene este conflicto es que ha echado luz sobre la estructura social del campo. Los datos que surgen del Censo del 2002 muestran que su actualidad poco o nada tiene que ver con la antigua y casi feudal estructura agraria.
Los ruralistas que pueden referenciarse en la vieja oligarquía hoy forman parte de la nueva burguesía terrateniente, son accionistas de grandes sociedades anónimas o miembros de fondos de inversión. Su contrapartida, aquellos descendientes de los arrendatarioa y aparceros que dieron origen al "Grito de Alcorta" en 1912, son hoy dueños de sus tierras, explotan mano de obra -por lo general en negro-, cuando no se han convertido en rentistas alquilando sus tierras a los "pool" de siembra. Tal vez aquí este la razón oculta de esta alianza, impensada poco tiempo atrás, entre la FAA y la SR.
Es que el gran capital, sobre todo financiero, ha ingresado a la actividad agrícola-ganadera. Con los desmontes, el desplazamiento de poblaciones originarias de sus tierras ancestrales y el daño ambiental que esto supone se incorporaron millones de hectáreas de tierras fértiles y se expandió la frontera agropecuaria. La superficie cultivable creció más de un 35% y en los últimos 10 años la producción de granos pasó de 45 a 95 millones de toneladas.
En el campo argentino se verifican hoy las tendencias que adelantara el economista belga Ernest Mandel (3) en el inicio de los ’70 y que caracterizara como "industrialización agraria". Junto con las innovaciones tecnológicas en la siembra, riego, cosecha y almacenaje se han impuesto criterios de eficiencia, productividad, competitividad y rentabilidad propios de las grandes empresas. Argentina es hoy el principal exportador de oleaginosas del mundo y junto con Brasil el mayor núcleo productivo mundial en materia de granos y aceites.
Este gobierno, que no es lo mismo que los anteriores entre otras cosas porque es resultado directo de la revuelta popular de diciembre 2001 y expresa los cambios operados al interior del bloque de clases dominantes, está montado y a su vez es impulsor de un ciclo expansivo de la economía que refleja tendencias mundiales
Hay elementos de ruptura con el pasado pero también muchos de continuidad. Por otra es evidente que el modelo "neodesarrollista" que encarna la administración kirchnerista emerge del propio seno del "neoliberalismo", y encuentra allí parte de sus limitaciones.
Prueba de ello es la contradictoria situación de un gobierno que en la defensa de las retenciones móviles embistió contra "… la sojisización del país", cuando si se revisan los años pasados se verá que se apoyó en el modelo sojero y lo potenció, desde la primera fase de su administración. Mas aún, en medio de las negociaciones propuso crear una suerte de junta reguladora privada controlada por… los pulpos cerealeros
Si alguna otra evidencia faltara para confirmar la existencia de vasos comunicantes: ni gobierno ni ruralistas, pusieron en el banquillo a esas cerealeras exportadoras que se llevan la parte del león del negocio granífero. Tardíamente se ha reconocido que la legislación tiene grietas que les permiten a las multinacionales eludir los aumentos en las retenciones, y la FAA se ha visto obligada a salir al cruce de las exportadoras y los "pool" de siembra.
Hay que ser muy benevolente para pensar que se trata de un gobierno de reformas, si las hay no se notan demasiado. Sólo pensar que cinco años son más que suficientes para modificar la regresiva política tributaria vigente, que es la principal traba para una redistribución eficaz de la riqueza.

El punto en cuestión

A poco que se mire por debajo de la superficie se verá que hay una confrontación que va más allá de la coyuntura y se desenvuelve sordamente al interior del bloque de las clases dominantes. Este bloque tiene la misma composición que en los ’90, entre otras cosas porque no hay como en épocas pasadas otra fracción burguesa que pugne por ingresar. No quiere esto decir que no haya burgueses nacionales, los hay pero los grandes se han transnacionalizado y los restantes no tienen entidad social ni política como para disputar la orientación del proceso de acumulación de capitales.
Sin embargo hay un elemento de ruptura, es que el comando del bloque ya no lo componen el capital financiero y las empresas de servicios públicos privatizadas, sino que ahora lo es el capital productivo: agrario e industrial. Son estos los grandes beneficiarios de la macrodevaluación del 2002 y quienes han liderado el ciclo expansivo de la economía desde el segundo trimestre de ese año.
Tras seis años de crecimiento el ciclo económico comienza a encontrar limitaciones y condicionamientos –internos y externos- producto de que no se ha hecho nada para resolver los desequilibrios estructurales históricos del capitalismo argentino. La resultante no es novedosa: reaparece la debilidad congénita del capital industrial –que no puede desenvolverse si no es al amparo de subsidios estatales- y retorna la renta agraria, con peso social y político.
En este marco lo que se está discutiendo es si la orientación futura de la acumulación y reproducción de capitales estará a cargo de una alianza industrial/agraria –sostenida en el mercado interno- o bien una alianza agroindustrial/financiera –que prioriza el modelo exportador-. La reciente solicitada de industriales, banqueros y comerciantes llamando al "diálogo", así como la convocatoria de la dirigencia rural al acto de Rosario –que tuvo un marco multitudinario-, son muestras de como las diversas fracciones del capital, aún cuando están muchos más interpenetradas que en el pasado, comienzan a marcar la cancha.
Se trata de una disputa intercapitalista, pero cuando se la analiza en detalle se comprende que no da lo mismo quien se imponga, no vale aquí neutralidad alguna escudada es que se trata de "una lucha interburguesa"; claro que esto no habilita su contrapartida: el seguidismo a la dirigencia rural detrás del "apoyo a los pequeños productores" que defienden sus intereses pero juegan como masa de maniobra de la SR y CRA.
La forma en que se resuelva esta disputa, o que fracción/es del capital finalmente prime sobre las otras, no alterará sustancialmente el modelo en curso, pero es necesario comprender que las clases populares, particularmente los trabajadores, no pueden permanecer indiferentes en la defensa de las retenciones y la intervención estatal en la economía.
Los tiempos por venir serán sin duda testigos de nuevas confrontaciones. La crisis interburguesa abre así un resquicio para el debate y la intervención política. Una intervención que no puede quedarse en el marco reivindicativo inmediato de los trabajadores y las clases subalternas, por el contrario se trata de elaborar una propuesta que partiendo de esas reivindicaciones y una defensa irrestricta de las libertades democráticas contenga transformaciones profundas que abran una perspectiva decididamente anticapitalista.
29.05.08

*Integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda
(1)Cuatro son las organizaciones del sector agrícola-ganadero. La Sociedad Rural (SR) agrupa a los más grandes productores, más de 10.000, y agrupa a los más rancio y conservador, en el imaginario es la representación de la vieja oligarquía vacuna. Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) agrupa a lo más selecto de los productores medianos de las zonas más fértiles del país, unos 100.000. CONINAGRO, es la entidad que agrupa a las cooperativas, por lo general muy fuertes en la comercialización, y que incluye a cooperativas muy grandes. Federación Agraria Argentina (FAA) originada en la primera huelga agraria de 1912, agrupa a los pequeños y medianos p`roductores , unos 100.000.

(2)Dos recientes ilustraciones de ese extraordinario dibujante que es Hermegildo Sábat dan cuenta de estas dos situaciones: en una se muestra a la Presidenta sentada en un desproporcionado sillón presidencial, como indicando que el llamado sillón de Rivadavia le queda grande. En otra muestra al ex presidente Kirchner haciendo jueguito con el futbolista Oriol, el guardameta del Club San Lorenzo que por lucirse haciendo jueguito en su área facilitó un gol inesperado del equipo contrario. Menos sutilmente el escritor menemista Asís graficó la situación: "el gobierno chocó la calesita"

(3) Ernest Mandel, "El capitalismo tardío" (1972) capítulo XII, primera edición en castellano 1979, ediciones. ERA, México. Por Juan. M. Villa - Tuesday, May. 27, 2008 at 3:11 AM
juanvillacb@hotmail.com (Casilla de correo válida)

PREMISAS Y ASPECTOS PARA TENER EN CUENTA RESPECTO A LAS SOLUCIONES POSIBLES DEL CONFLICTO AGRARIO

Por Alfredo Eric Calcagno

Los propietarios ya no son productores
La mayoría son rentistas que arriendan sus campos a pooles de siembra

La fotografía que puede tomarse ahora del campo argentino tiene poco que ver con la que podían captar nuestros padres. Hace sólo 10 años, la producción de granos era de 65,3 millones de toneladas; ahora es de 97 millones de toneladas, producidas en gran parte con siembra directa, semillas transgénicas, tierras arrendadas y predominio de la soja. Como se trata de un fenómeno reciente e importante, es bueno analizarlo con algún detalle. A continuación señalaré tres rasgos de ese “nuevo campo”.

Primer rasgo: roles cambiados de propietarios, productores y rentistas.


Las categorías de propietarios, productores y rentistas se han alterado. En la actualidad, entre el 40 y el 80 % de los campos – según la zona- es trabajado por arrendatarios; ese porcentaje es insólito en la Argentina y en cualquier parte del mundo. En consecuencia, esos propietarios han dejado de ser productores y ahora son rentistas; es decir, no trabajan el campo, sino que lo arriendan, en especial a pooles de siembra.


Al mismo tiempo existió un fuerte aumento de precios de la tierra que, en áreas de la pampa húmeda, de 2500 dólares por hectárea en tiempos de la crisis de 2002 pasó ahora a cerca de 15000 dólares; así, el pequeño propietario de 200 hectáreas tiene un capital en tierras de 3 millones de dólares. La mayoría de los propietarios – incluso los pequeños- arrienda sus campos para el cultivo de la soja, que en la zona pampeana significan alrededor de 500 dólares por hectárea. De tal modo, un pequeño propietario de 200 hectáreas recauda la suma de 8300 dólares mensuales; si tuviera 1000 hectáreas, la renta sería de 41600 dólares mensuales, y todo ello no le significa ningún esfuerzo.


Se ha generado así una clase media alta o una clase alta (según la cantidad de hectáreas), que ha dejado de ser productora para transformarse en rentista. Tal vez, una de las consecuencias de este cambio sea la nueva posición de la Federación Agraria Argentina (FAA), que representa a los terratenientes pequeños o medianos. Gran parte de sus representados ya no son más productores y arriendan sus campos; entonces, la FAA ahora pelea por su renta, con una visión más feudal que moderna.

Segundo rasgo: diferencia entre beneficio empresario y renta de la tierra. Los terratenientes que son productores tienen derecho al beneficio que surge de su trabajo de organizador de la producción; pero es muy diferente la renta de la tierra, generada por la diferencia entre costos nacionales y precios internacionales. Estas circunstancias dependen de la naturaleza (tierra fértil, lluvias), de la situación internacional (demanda mundial, cosechas en otros países) y de la fijación del tipo de cambio por el gobierno; nada tienen que ver los productores agropecuarios con estos requisitos. La renta de la tierra, por su misma índole, pertenece a la comunidad nacional.


En consecuencia, los productores agrícolas tienen derecho al beneficio empresario, no a la rentabilidad extraordinaria de la tierra. El gobierno no les mete la mano en el bolsillo cuando les cobra retenciones sobre una parte de la renta extraordinaria; son ellos los que pretenden quedarse con una tajada mayor de una renta que no les corresponde.

Tercer rasgo: las retenciones y los precios de los alimentos. Las retenciones evitan el aumento de los precios de los alimentos, al desvincular los precios nacionales de los internacionales. En general, los empresarios tienen la alternativa de vender su producto en el mercado interno o exportarlo. Si el precio internacional es mayor (como ocurre con los alimentos argentinos), su primera alternativa es exportar, con lo que habrá un menor abastecimiento del mercado interno y pueden subir los precios; la segunda posibilidad consiste en vender en el mercado local al mismo precio que el externo, que es mucho más alto. En ambos casos, se desencadena un proceso inflacionario. La solución al problema consiste en que el gobierno capte la diferencia entre el precio local y el externo, de modo que sea indiferente vender aquí o exportar. Además, en el corto plazo, el paro agropecuario provocó la suba de los precios de los alimentos.


Un arreglo de fondo del problema agrario deberá tener en cuenta los tres rasgos señalados. Primero, ni en el diagnóstico ni en las soluciones deben confundirse la naturaleza ni las funciones de los productos y de los rentistas. Segundo, en el caso de los productores, hay que distinguir entre el beneficio empresario (al que tienen pleno derecho) de la renta de la tierra (que no les pertenece). Tercero, las retenciones impiden que los alimentos alcancen precios exorbitantes.

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Tergiversaciones
Por --- - Tuesday, May. 27, 2008 at 9:57 AM

Es verdad que muchos propietarios actualmente son rentistas. Pero Calcagno -que es un "progre" oficialista- tergiversa varias cuestiones.

En primer lugar, no son los rentistas sino los productores quienes están protestando en las rutas.
La especie de que la protesta ruralista es una manifestación de rentistas y no de productores, es una macana delirante que ya ha fue difundida por la gente de Razón y Revolución, que últimamente no dan pie con bola.
En resumen: Sí, hay muchos rentistas. Pero no son ellos los que protestan. El rentista la mira por TV.

En segundo lugar, alguien que tiene 300 Ha en una zona de alta rentabilidad no puede considerarse un pequeño productor, sino uno mediano y bastante privilegiado (por la zona).

En tercer lugar, las rentas de los pequeños propietarios de ningún modo son tan altas como inventa Calcagno, que no distingue entre el rinde general de la hectárea y lo que va al propietario en calidad de renta (e incluso sospecho que no restó costes ni riesgo).
Es cierto que el campo, y especialmente la soja, está dando muy buen rédito, pero de ninguna manera son todos multimillonarios como quiere hacer creer el chanta de Calcagno (sobre cuyo patrimonio no estaría de más investigar un poco).

En cuarto lugar, Calcagno ignora deliberadamente que si muchos antiguos productores pasaron a ser rentistas fue por un conjunto de políticas -iniciadas por Menem- que propiciaron su retirada y el arriendo en masa por parte de los pooles (otro sector que NO tiene activa intervención en la protesta).

En quinto lugar, Calcagno recae en el mismo vicio principal de los dos bloques en pugna: ignora la gran tajada que se llevan las exportadoras, comercializadoras, acopiadoras y trasnacionales proveedoras de semillas, plaguicidas y fertilizantes (aunque al menos admite que la FAA cada tanto les dedica algún parrafito).

Un kirchnerista más (o uno menos, según como se considere la cosa).

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Es que...
Por Kenshin - Tuesday, May. 27, 2008 at 11:01 AM

...me parece que la suerte de los rentistas está íntimamente ligada a la de los arrendatarios: cuanto mayor beneficio puedan obtener éstos, más pueden especular aquellos con el alquiler de sus propiedades.

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...
Por --- - Tuesday, May. 27, 2008 at 11:41 AM

Eso es obvio, son intereses vinculados.
Pero el rentista, especialmente si es un propietario chico -y especialmente si el arrendatario es un pool de siembra- es alguien que se está dedicando a otra cosa, se fue del campo. Yo no dije que los rentistas no cobren la renta, sino que no son los que están protestando, que la protesta rural no es una movida impulsada por ellos.

Digo más: por lo general se les ofrece una renta fija, así que cuánto más o menos gane el arrendatario al rentista podría serle indiferente. Hay que tener en cuenta que no responden al viejo modelo del rentista. En muchos casos es gente que, como el negocio tomó un cariz que le es ajeno, eligió arrendar a un pool.

Con todo, hay cierta fricción entre propietarios y pooles, porque como los pooles buscan la rentabilidad máxima por un período limitado -son un negocio de naturaleza financiera- no les importa deteriorar el suelo, así que pueden llegar a devolverlo al propietario en condiciones desastrosas.

Finalmente, ha de saberse que estos pooles que son grandes arrendatarios y, por lo tanto, pueden negociar los arriendos con bentaja, no han tenido mayor intervención en la protesta ruralista (ejemplos: Grobocopatel, que viaja a Venezuela con la comitiva presidencial, o Cresud uno de cuyos principales directivos mantuvo una reunión casi secreta con la presidenta).

De modo general, la protesta está impulsada por un frente de propietarios grandes, medianos y chicos, y prácticamente no intervienen en ella sectores tan influyentes en los negocios del agro como las exportadoras y comercializadoras, los pooles de siembra y las agroindustrias.
Y de hecho, los que le vienen poniendo el cuerpo a la protesta son los pequeños y medianos productores.

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